8 mayo, 2021

Latinoamérica Resiste

Por Matías Aguirre – Referente del Movimiento Evita
@matiasaguirreok

Hace exactamente un año, tras casi cuatro décadas desde el retorno a la democracia en su país, Evo Morales volvía a ser elegido presidente. Sin embargo, bastaron tan solo dos semanas para que los partidos de derecha, con el apoyo de los militares, volvieran a instalar un gobierno de facto, luego de regar las calles con decenas de muertos y obligar al máximo representante del pueblo a exiliarse.
La justificación del golpe fue el supuesto fraude electoral que denunció la Organización de Estados Americanos (OEA). Algo que no solo nunca fue probado, sino incluso rechazado por varias investigaciones. Curiosamente, antes de las elecciones del domingo pasado, el presidente del organismo, Luis Almagro, afirmó que no avalaría ningún fraude. Pero no duda en avalar un golpe de Estado, así como tampoco dudó en su momento en apoyar una posible intervención militar en Venezuela.

Hace años que el neoliberalismo avanza en Latinoamérica. Ya sea a través del bochornoso golpe parlamentario que destituyó a Dilma y consagró en el poder a un ser siniestro como Bolsonaro, el giro hacia la derecha represiva y entreguista de Lenín Moreno en Ecuador, o bien a través de las victorias de Piñeyra y Macri, en Chile y Argentina.

Sin embargo, el retorno a la democracia en Bolivia, luego de una aplastante victoria del partido que representa los valores, tradiciones y demandas de la mayor parte del pueblo, demuestra que los gobiernos populares no ceden a la persecución, el avasallamiento y las armas. Allí donde entraron levantando la Biblia y los fusiles, hoy vuelve a levantarse la Constitución y la whipala.

Vuelve a asomar la Patria Grande en nuestro suelo. La recuperamos en las urnas y en las calles, tanto en Bolivia como en Argentina. Siguen luchando por recuperarla en Chile, donde este domingo, tras un año de intensas manifestaciones populares, votarán por modificar al fin una Constitución creada por una de las dictaduras más sangrientas y duraderas de Latinoamérica. Y aún resiste en Uruguay, de donde nunca se fue.

Es importante recordarles que podrán perseguir, encarcelar y exiliar a una persona, pero jamás a todo un pueblo.

*Las opiniones que se emiten en esta columna no necesariamente representan la línea editorial del medio.